Las meteduras de pata más comunes entre los escritores noveles

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El tiempo y la experiencia te permiten tener una perspectiva de ti misma muy particular. En mi tarea de rescatar textos escritos por mí hace cerca de diez años, me he dado cuenta de dos cosas importantes:

1) Qué ilusa era yo creyéndome que aquellos escritos eran la pera limonera.

2) En 2025 pensaré lo mismo cuando lea lo que estoy escribiendo en 2015.

En realidad, eso sólo significa que la escritura es, por encima de todo, trabajo. Esto es, a escribir se aprende escribiendo mucho y leyendo todavía más. No obstante, he de decir que si el escritor no está convencido de que lo que está escribiendo es la pera limonera, jamás logrará que un texto suyo lo sea realmente. ¿Hay que ser vanidoso para escribir? Bueno, yo diría que hay que ser osado y creer en lo que uno hace mientras se halla inmerso en la vorágine creativa. Ya pondrás los pies en la tierra después… Pero ese “después” tiene que existir. Es un delicado equilibrio que hay que conseguir. Cuando pase ese momento creativo y llegue la hora de corregir, debes sacar el monstruo crítico que llevas dentro y ser consciente de que vas a tener que mejorar tu texto porque no es ni mucho menos perfecto… Puede que incluso tengas que deshacerte de buena parte de él. Y si llega ese momento, no tengas piedad.

En esta entrada voy a destacar algunos de los defectos de mis propios textos escritos años atrás. Son además errores muy comunes entre todos los escritores que empiezan. Lo he comprobado también cuando algun@s adolescentes me envían sus manuscritos para que les de mi opinión y lo cierto es que me veo retratada.

He aquí algunos de los errores:

ERRORES COMUNES FORMALES

Voces y enfoques narrativos confusos

Hay que tener cuidado con esto y decidir primero qué tipo de narrador queremos que cuente nuestra historia. Aquí os dejo unos enlaces sobre los tipos de narradores que existen:

http://www.literaltura.com/tipos-de-narrador-5/

http://www.megustaescribir.com/recurso/92/los-narradores-i

http://www.megustaescribir.com/recurso/94/los-narradores-ii

Deben tenerse claras las ventajas y desventajas de unos tipos de narradores y de otros. Por ejemplo, la primera persona te permite intimar mucho mejor con el personaje que narra la historia, pero tiene la desventaja de distanciarte más del resto de personajes, de quienes jamás podrás saber lo que piensan o lo que hacen cuando el narrador no está presente.

Un tropezón común es que por inexperiencia, pueden mezclarse enfoques. Pongo un ejemplo: queda muy raro que un narrador omnisciente tenga el foco puesto en un personaje, que nos lo esté contando todo desde su punto de vista y que de repente entremos en la mente del personaje que tenemos delante… Para luego volver a poner el foco en el personaje anterior y volver a seguirlo por todas partes. Es desconcertante.

Imaginad: hemos seguido a Marcos durante todo el día, lo vemos entrar en una cafetería, donde se sentará en una mesa delante de Ana. Marcos está sumido en sus pensamientos, mientras Ana se come un sandwich delante de él… Y de repente, sin más, oímos los pensamientos de Ana. Eso sí, después nos olvidamos de Ana y nos vamos con Marcos por donde hemos venido.

El efecto es muy raro. Seamos ordenados, y si movemos el foco de un personaje a otro, cambiemos de capítulo o separemos lo que sigue de la parte anterior.

Introducir opiniones nuestras como si fueran de los personajes

Los personajes tienen su propia personalidad. Puede coincidir que alguno o muchos piensen como nosotros, pero no siempre es así. A veces sucede que la historia y los personajes tienen una trayectoria determinada y en ella pretendemos integrar nuestros pensamientos haciendo rechinar la dinámica interna de la narración. Si lo hacemos, no debe notarse y hay que saber ver si es coherente o no. La historia y personajes demandan determinadas actitudes, no debemos querer aparecer allí en medio, levantando la mano y gritando “¡eh! estoy aquí”. Cuando esto es demasiado evidente, se acaba la historia.

Personajes planos

Para que un personaje sea creíble, tiene que tener matices. Alguien guapísimo y sin defectos es aburrido. Alguien malísimo que se comporta de un modo despreciable sin que podamos llegar a entender porqué, también aburre.

Hay que mostrar cómo son los personajes, con su actitud, con su forma de hablar… Es mucho mejor dejar ver cómo son que contarlo. Por ejemplo, el narrador podría presentarnos a Marcos diciendo que era un muchacho moreno guapísimo y muy listo. Genial. Pero es mucho mejor que veamos como una chica se queda mirando a Marcos al pasar por su lado, mientras él se dirige a una competición internacional de ajedrez.

Querer dar demasiada información en el prólogo o el primer capítulo

Relacionado con el asunto de contar en lugar de mostrar, está la obsesión de muchos noveles por querer soltar demasiada información al principio de la narración, en un afán por poner en antecedentes al lector, como si este fuera a perderse o algo así. Eso es definitivamente una mala idea que hará que nuestros lectores no pasen de las primeras cinco páginas. Todo a su tiempo. Ir mostrando y abriendo algunos interrogantes al inicio está bien, y por el camino ir respondiéndolos y abriendo otros nuevos.

Situaciones inverosímiles

Puede ocurrir que hayamos metido a nuestro héroe en una situación de la que no sabemos cómo sacarlo. Aunque la magia tenga cabida en una novela fantástica, las apariciones estrambóticas tienen que poder explicarse con coherencia. Si nuestro héroe va a recibir ayuda, hay que dejar pistas anteriormente de que eso podría ocurrir. Eso no significa que tenga que ser evidente mientras los ojos del lector pasan por encima de esas pistas. Lo que significa es que cuando el lector vea que nuestro héroe recibe esa ayuda inesperada, tiene que pensar “¡claro!”. Si en cambio el lector piensa “¿qué demonios es esto y de dónde ha salido?” es que no lo hemos hecho bien.

 

ERRORES METODOLÓGICOS QUE AFECTAN AL RESULTADO FINAL

Cada uno trabaja como quiere, pero no podemos permitir que el lector detecte cómo lo hemos hecho porque eso significa que algo hemos hecho mal.

Planificación

A algunos escritores no les gusta planificar porque para ellos es más fácil dejar que sean los propios personajes quienes “escriban su destino”. Personalmente, a mí no me da resultado trabajar así. Creo que se necesita ser alguien muy experimentado para hacerlo. Si las tramas son un poco complejas, podemos perdernos y acabar metiéndonos en callejones sin salida que nos tentarán a inventar situaciones inverosímiles que no tienen ni pies ni cabeza. En el otro extremo, hay escritores que planifican con mucho detalle cada capítulo y cada parte de su novela. Esto para mí quizás sea demasiado encorsetado.

Yo, personalmente, prefiero hacer un esquema general con detalles simples de los sucesos que ocurrirán en cada capítulo o en cada parte. Lo suficientemente planificado como para tener una idea clara de donde vengo y adonde voy, pero con flexibilidad. A medida que escribimos podemos darnos cuenta de que la historia demanda ciertas cosas que no habíamos visto antes o podemos tener ideas geniales que no se nos habían ocurrido.

Sea como sea, lo importante es dar con el método que nos da resultado.

Escribir por orden cronológico

Este es un error muy tonto, pero doy fe que tenía este estúpido problema con catorce, quince o dieciséis años, y quizás también le ocurra a otros que empiezan. En mis primeros escritos estaba empeñada en escribir mis narraciones en orden cronológico. Esto es, empezar escribiendo el primer capítulo y terminar con el último. El problema era que quizás me apetecía escribir partes de la historia a las que tardaría mucho tiempo en llegar, por lo que algunos fragmentos estaban escritos con poco mimo, pues quería darme prisa para llegar más rápido a momentos más emocionantes.

Definitivamente, es una mala idea. Hay que disfrutar cada momento de la escritura, de lo contrario el resultado final será algo infumable. Debemos escribir lo que nos apetezca en cada momento, sea el fragmento de la historia que sea. Más tarde lo podemos unificar todo. Existe el riesgo de que al final tengamos trozos escritos que tengamos que eliminar, pero si tenemos nuestra historia más o menos planificada, todo puede ir encajando sin problemas.

Querer terminar rápido

“La paciencia es la madre de la ciencia”. Todos los escritores con experiencia coinciden en que una vez terminada la historia, sea novela o relato, debemos dejarla reposar un tiempo y luego empezar a corregir. Después de una primera corrección, volver a dejarla reposar (dos semanas, un mes o dos… lo que haga falta) y otra vez volver al ataque. Esta operación podría repetirse cuatro o cinco veces antes de pasarles el manuscrito a nuestros amigos o familiares para que también nos corrijan y nos den su opinión. En cualquier caso, un texto bien acabado requiere mimo, sentido crítico y tiempo.

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3 comentarios en “Las meteduras de pata más comunes entre los escritores noveles

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