Lee Los ángeles de Emily FRAGMENTO II

EMILY

Una atmósfera opresora me rodeaba por completo. La angustia y el temor se habían adueñado de mi espíritu. No sabía dónde me encontraba, pero estaba oscuro y hacía mucho frío. Tan sólo un leve resplandor entraba desde una pequeña apertura en una húmeda pared de piedra.

Él se hallaba a escasos centímetros de mí, dándome la espalda, de pie, completamente desnudo. Estaba bañado en sudor y respiraba pesadamente. Tenía los pies clavados en el suelo, firme, en alerta, como aguardando algo que había de aparecer en frente.

Yo sabía que aquello no era normal. Él no se cansaba físicamente de aquella manera, sencillamente porque era imposible. Aunque su cuerpo era aparentemente humano, su naturaleza era distinta.

Me encogí con un escalofrío.

Algo iba mal.

Lentamente, con el corazón en un puño, alcé una mano y acaricié despacio la musculosa espalda del arcángel, apenas un sutil roce con las yemas de mis dedos entre sus omoplatos. Algunas de las plumas del nacimiento de sus grandes alas se erizaron levemente, con un estremecimiento silencioso.

–Cold –musité. El breve eco de mi voz retumbó en las paredes del oscuro recinto. Él no se inmutó. Por alguna razón no me atreví a continuar hablando y preguntar qué ocurría.

Poco a poco, empecé a rodear a mi amigo para ponerme delante de él. Reparé en que empuñaba su lanza, apoyándola en el suelo. Su pecho subía y bajaba, al ritmo de una alterada respiración. No se movió ni me miró cuando me tuvo enfrente. Su tensión se percibía en el ambiente con una solidez que casi podía tocarse. Su figura imponente recortándose en la penumbra habría asustado a cualquiera, pero no a mí. Ya no. Mi miedo venía de otra parte, aunque no entendía bien de dónde… Intuí el semblante grave de Cold, prácticamente oculto entre las sombras, y su penetrante mirada atravesando la oscuridad de un siniestro pasillo que se abría delante.

Yo dirigí mis ojos en aquella dirección. Un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies. No veía nada salvo oscuridad, pero había algo. Algo maligno y poderoso.

El terror se apoderó de mí.

Una oleada de frío me abrazó con una violencia que me dejó sin aliento.

Tuve ganas de salir corriendo en dirección contraria. Me volví hacia Cold.

–Tenemos que irnos de aquí –dije mientras sentía como las lágrimas empezaban a empañarme los ojos. Le puse una mano en el brazo, pero él la ignoró completamente–. Por favor, Cold…

Cuando alcé la mano reparé en que estaba manchada de un líquido oscuro.

Sangre.

Empecé a temblar. Con el corazón desbocado, rápidamente busqué el origen de aquella sangre. Vi como algunas gotas resbalaban por el antebrazo de Cold, hasta la mano que sostenía la lanza. En el suelo, a sus pies, también habían abundantes manchas granates. No lograba ver la herida, estaba demasiado oscuro, pero sabía a ciencia cierta que era sangre suya.

Asustada, volví a mirarme la mano manchada de sangre. Las gotas formaron en mi palma una palabra en un extraño alfabeto que a pesar de todo pude leer: «ATROSS»

–¡Cold! –Mi voz resonó quebrada por todo el habitáculo–. ¡Vámonos, por favor!… ¡Te lo suplico, salgamos de aquí!

Caí en la desesperación. Apenas podía contener el llanto de puro miedo. Cegada por un pánico absoluto, traté de hacer que Cold me mirara a la cara, que me hablara. No podíamos quedarnos. Por una vez, temía por él. Por una vez tuve claro que no era invencible, que era vulnerable… Y por ende, yo también.

Fuera lo que fuera lo que había en la oscuridad de aquel pasillo, iba a matarnos a los dos. Iba a destruir nuestras almas.

–¡Cold! –Me puse de puntillas y alargué los brazos hasta la cabeza de mi amigo. Con las manos, guié su rostro hacia el mío.

Por fin, el arcángel bajó la vista y me miró a la cara.

Pero en su mirada había algo que yo nunca había visto. El iris de sus ojos, habitualmente ambarinos, resplandecía ahora con un color muy parecido al del metal incandescente. Su expresión, que solía ser afable y noble, era en aquellos momentos tan feroz, que no supe si lo que veía era furia o… ¿maldad?

Me sentí taladrada por una intensidad insostenible, como si un enérgico fogonazo me hubiera atravesado el espíritu.

Grité.

Me levanté de la cama de un salto.

Aturdida, miré a mi alrededor. Estaba en mi habitación y había amanecido. Una suave brisa primaveral mecía las coloridas cortinas de la ventana.

Había sido una pesadilla.

Me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano, suspirando. El corazón seguía palpitándome en las sienes. Curiosamente no tenía la sensación de alivio que cabía esperar. Por algún motivo, supe que aquel sueño era algo más que una simple pesadilla.

© Helen R. Green

 

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4 comentarios en “Lee Los ángeles de Emily FRAGMENTO II

  1. Buena novela , me ha encantado , me lo he leido en dos dias se la robe a mi hija peque jajaja!! y hacia tiempo que una novela no me enganchaba.

    • Roberto. Me parece increible que puedas escribir este post en el blog de la escritora… Y más teniendo en cuenta el precio tan reducido que tiene la descarga… Te aseguro que vale la pena gastarse 0,89 centimos. Seguro que te gastas más en chorradas…

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